viernes, 12 de marzo de 2010
Probabilidades.
-Vaya, llegando temprano, señor Becker -. Comentó el viejo.
No le presté atención y esperé a que abriera la puerta. Al entrar, busqué sentarme atrás, pero los compañeros me empujaron y entraron antes, así que tuve que sentarme de primero y enfrente del escritorio del profesor.
“¡Diablos!”, pensé.
El puesto de mi pareja estaba vacío. Hally aún no llegaba. Tragué saliva.
-Muy bien. Los quiero a todos en silencio. Les entregaré una hoja a cada pareja. No quiero que estén mirando para otro lado, ni rezando el rosario ni lanzándose papelitos ni mirando al techo como si estuviesen esperando que la respuesta les caiga del cielo – Advirtió y sonó su celular. Lo revisó. –Mmm… Hally Starkins no vendrá a presentar, según el mensaje que me acaba de enviar. Se siente muy mal. Así que, pareja de Hally, trabajarás solo – Me miró directamente. –Todo está como lo que vimos en clase. Nada del otro mundo, ninguno debe salir reprobado a menos que no haya estudiado. El que no estudio, bueno… Que Dios lo libre. Buena suerte-. Entregó las hojas y yo maldije mil veces mi vida.
-Psst, Jack – me susurró José.
-¿Qué?
-Estás más salado que las bolas de Aquaman-. Se rió solo y Externimon le regañó.
Hice como si me fuese a rascar la nuca y le mostré el dedo medio.
Revisé todas las preguntas y tomé aire. Volví al comienzo:
Pregunta número 1: se lanzan 3 dados, ¿qué probabilidad hay de que no sumen 17 sus caras?
“El coño e su madre”, pegué la frente del pupitre. “Eso lo tenía en el cuaderno. ¡Rayos!”
Pregunta número 2: Se extraen sucesivamente 4 esferas de una caja que tiene 3 azules, 3 negras, 2 blancas y 2 rojas: ¿qué probabilidad hay de que una sea azul, una sea negra, una blanca y una roja en ese orden si la extracción se hace sin reposición?
“Ok, me clavaron. Lo vi todo”, dije para mí mismo.
Tercera y última pregunta: Se lanzan 2 dados. ¿Cuál es la probabilidad de que sus caras sumen siete o nueve?
“A este examen le faltó una pregunta, una que dijera: ¿cuál es la probabilidad de que Jack desapruebe esta prueba? La respuesta me la sabía de memoria, podría ponerla con los ojos cerrados: 99% desapruebe y 1% apruebe”
Volví a la uno y pensé en el número que debería dar cada dado para que sumaran 17, pensé en que uno sería 6, otro 5 y otro 6. Otra opción era 5-6-6 y la última opción era 6-6-5. Si los tres dados sacaran 6-6-6, se multiplicarían y darían 216, eso se dividiría entre 3 (que era el número de probabilidades), en realidad sería 3 entre 216, lo que daría como resultado 1/72 lo que sería igual a 1.3%.
Entonces, sacando la cuenta de P(A) que es la probabilidad de ocurrencia de un evento A; la probabilidad que hay de que las caras no sumen 17, sería de un 98%.
Me reí solo. “¡Me dio! ¡Me dio!”, pensé.
Después respondí las siguientes y llegué a la conclusión de que era un genio matemático oculto. La única suerte que tenía, era que se me daban bien las matemáticas.
-Se supone que no deben dejar que las matemáticas los vuelvan locos…- Comentó el profesor mirándome.
“¿Cómo se atrevía a decir eso, si él era el primer loco en la clase?”
En media hora tuve listo el examen. Lo entregué y salí al receso. Desayuné y me encontré con Diane.
-Creí que los de tu salón estaban en prueba…
-Lo están.
-¿Sí? ¿Y de qué es?
-De matemática.
-¿No entrarás?
-Ya salí.
Se rió. -¿Qué? ¿Lo dejaste en blanco?
-No, de hecho lo respondí todo. Aunque no lo creas.
Se burló. –Sí, claro. No bromees.
-No lo hago-. Le sonreí.
-Entonces, si eres un genio matemático, no creo que tengas problemas en explicarme.
-No, no tengo ningún problema. Pero tampoco tengo mucha paciencia.
-Tranquilo, no soy tan burra.
-Sé que no. Eres la primera de tu clase.
Sonrió con orgullo. –Lo sé - me miró. –Por cierto, ¿llegó tu amiguita?
-No, está enferma.
-¡Ja! Pobre…
-Ella es la primera de mi salón…
-Lo sé.
-¿Por eso te molesta? ¿Porque puede quitarte el premio de “mejor alumna” en la graduación?
-Por supuesto que no. Ella es una fea de cuatro ojos y yo una chica linda e inteligente - Sonrió.
-No la llames así-.
-¿Qué? ¿Te gusta?
-No, es sólo que es mi amiga.
-¡Af! Por favor…- Sacudió su melena de rizos y se fue.
No sé porqué diablos era tan antipática; pero aún así, me gustaba.
¿Cuál sería la probabilidad de que yo le gustara a ella también?
Una buena noticia.
Al día siguiente, me desperté a las 6. Hice lo mismo de todas las mañanas.
Una llamada me alegró un poco el día. “Estamos empezando bien”, pensé. Contesté y era el tío Phil, hermano de mi mamá.
-Hola, tío Phil.
-¿Cómo estás, Jack?
-No muy bien…
-Me enteré sobre lo que le pasó a tu hermano Jacob. Tu madre me llamó ayer…
-Sí, es horrible.
-Me comentó que te quieres ir de la casa.
-Sí, quiero estar en paz y ellos también.
-Bueno, tú sabes cómo es tu madre de sobre protectora.
-Sí, lo sé.
-Así que me llamó porque quiere que tú te quedes conmigo el tiempo que quieras. Me pidió el favor, y yo le debo mucho… Además, no tengo ningún problema. Necesitas un hombre hecho y derecho como tu tío para que te críe.
Carcajeé. –Seh, claro…
-Entonces… ¿qué dices? ¿Te quedas conmigo hasta que se te pase la mala racha?
-Claro, tío – Dije sin pensarlo 2 veces. –Me quedaré contigo.
-Muy bien. ¿Cuándo quieres que te pase buscando?
-Mañana.
-Está bien. De todas formas, hoy te veré en la tarde. Iré a visitar a tu hermano.
-Ok, tío. Hablamos luego. Debo irme al liceo.
-Hasta la tarde, sobrino.
Trancamos.
A mi madre no le gustaba pedirles favores al tío Phil; supongo que esta vez lo hizo porque pensó que era lo mejor para mí. El tío Phil era como una especie de mafioso. Tenía un jet, dos yates, una casa en la playa, era dueño de un banco, y el sitio donde iría a vivir con él, era un penthouse muy lujoso que estaba ubicado en la zona más tranquila de la ciudad: “El bosque”… No era un bosque en realidad, sólo que la zona se llamaba así.
Phil, era 5 años mayor que mi madre; ella tenía 38 y él 43. En sus años de gloria, como decía mi mamá, Phil era un hombre apuesto y siempre la defendía; me mostró una foto de él cuando era joven y tenía el cabello liso y negro azabache, la piel blanca como la de mi madre y los ojos azules. Ahora, es un viejo gordo, con los mismos ojos azules, el cabello canoso y con un poco de barba. “Los años pegan”, pensé la última vez que lo vi.
Mientras que él era un multimillonario de la alta sociedad, mi madre era sólo la mujer que atendía en una lavandería. Era patético en realidad. Ella estudió mucho y era una mujer inteligente; no sé cómo pudo caer tan bajo, pero bueno, todo tiene una razón y ella la debe tener.
Bajé al porche del edificio y vi a un perro sarnoso buscando algo que comer. Al lado del edificio, había una panadería, allí me compré una empanada y juego. Le di un poco lo que me sobró al perro y luego me monté en el transporte de mi liceo cuando llegó.
En el camino me iba quedando dormido hasta que recordé el examen de matemática. No había estudiado nada. Hally iba a matarme.
Al llegar al liceo, busqué a Hally en el banquito donde siempre se sentaba todas las mañanas mientras esperaba que empezaran las clases; pero cuando entré, vi a Diane. Llevaba puesta una falda rosa y una camisa de flores. Me quedé anonadado mirándola.
-Hola, James – sonrió. -¿Cómo estás?
-Hola, Diane. Estoy bien, ¿y tú?
-Muy bien.
-Me doy cuenta – Murmuré.
-¿Cómo?
-Perdón, no dije nada. ¿Has visto a Hally?
-¿La fea que se la pasa contigo?
-No es fea…
-No, no la he visto – se rió con las amigas que siempre la acompañaban.
-Seguro llegará tarde… Bueno, cualquier cosa, si la ves, dile que me espere en el banquito de siempre.
-Sí, claro…
Salí corriendo al pasillo de bachillerato y me senté en un banco. Busqué mi cuaderno de matemáticas en mi bolso y resultó que lo había dejado. “¡MALDITA SEA CON LA MAL NACIDA MATEMÁTICA!”, pensé. “Ya ni me acuerdo quién carajo la inventó, pero no por eso dejo de odiarlo”
-Demonios, ni siquiera sé cuál es el tema…
José se sentó a mi lado. -¿Estresado?
-¡Sí!
-¿Por mate?
-¡Sí!- Gruñí.
-Estás con Hally, no te preocupes. Ella es linda de mente nada más. Es muy inteligente.
-Sí, pero ella no va estar conmigo presentando en las pruebas de las universidades.
-Las pruebas de las universidades son de pura lógica. Cálmate.
-¿Cuál era el tema? ¡¿Cuál era?! No lo recuerdo.
-¡Diablos, Jack! El examen es sobre probabilidades. Tú eres un genio en eso. Deja de estar tan alarmado.
-Pero no repasé nada. Se puede olvidar cualquier cosa.
-Tranquilo, eres muy bueno en matemática. Relájate.
-Soy bueno cuando por lo menos veo el cuaderno una vez. El mío se me quedó y ni lo vi.
-Toma el mío – sacó su cuaderno y me dejó estudiar.
-Gracias.
-Tú tranquilo, saldrás bien. Aprovéchate de Hally, ella sabe mucho. No reprobarás.
Lo miré con desaprobación. –Seeh… menos mal que el profesor la adora, porque si fuese yo contigo, estaríamos más que clavados.
-Pero no es así. Repasa antes de que suene el timbre. Voy al baño-. Se dirigió a la puerta del baño de hombres y yo me quedé memorizando los problemas de probabilidades.
jueves, 11 de marzo de 2010
Tomando decisiones.
Caminé por una hora en el jardín mientras pensaba.
Mi madre necesita estar tranquila y mi hermano necesitaba a alguien que lo cuidara. Yo iba a sobrar en la casa, así que tomé una decisión.
Regresé a la sale de espera para encontrarme con la Dra. Jane. Seguramente mi hermano ya estaba en una habitación. La reconocí apenas entré. Era un poco gorda, alta, morena y de cabello negro rizado.
-Dra. Jane.
-Jack – sonrió al decir mi nombre. –Tu hermano está en la habitación 305 del piso 3.
-Mmm… gracias. Ya subo-. Me dirigí al ascensor y esperé a que bajara. Cuando llegó, marqué el piso 3 y organicé en mi mente el discurso que le diría a mi madre.
El ascensor se abrió y caminé por un largo pasillo hasta llegar a la habitación. Mi hermano fue el primero en mirarme.
-¡Jack!- Dijo a duras penas.
-Shh… No te agites, hermanito-. Le arreglé el cabello.
-Pero…
La doctora Jane entró a la habitación. –Hola, Jacob. ¿Cómo te sientes?- Le abrió la camisa y empezó a escucharle los latidos de su corazón con el estetoscopio.
-Mejor…
-Todo se oye bien. No tienes líquido en los pulmones, tus latidos son normales…, pronto te recuperarás-. Le sonrió.
-¿Y me iré a casa?
-Por supuesto – me miró. –Bueno, los dejo. Deben tener mucho de qué hablar-. Jane recogió algunas cosas y salió.
-¡No! ¡Espera!- Gritó Jacob.
-¿Qué pasa, hijo?-
-¿Te duele algo? ¿Le digo a la doctora que vuelva?- Le pregunté.
-No… - tomó mi mano. –Por favor, Jack. Te prometo que te haré caso y me portaré bien contigo. Pero, por favor, por favor, por favor, dile eso a la doctora para que me deje caminar; dile que me quite el castigo, dile que me deje mover las piernas otra vez. Prometo portarme bien…
Me quedé estupefacto con lo que dijo mientras que mi madre me veía con ojos vidriosos.
Solté su mano y salí corriendo de la habitación. Mi madre vino detrás de mí.
-¡Jack! ¡Espera!
Corrí hasta un enorme balcón del hospital y me senté en un banco.
-Jack…- Mi madre se acercó y se sentó a mi lado. –Jack, hijo no llores.
-Déjame solo, mamá.
-Escucha, tú no tienes la culpa. Te dije tantas cosas horribles hace un momento, y no fue mi intención. Estaba nerviosa, Jack. Son mis hijos, mis niños y me preocupan…
-Mamá, te dije que quiero estar solo.
Agarró mi mano y la apretó con fuerza. –La culpa es mía, Jack. Yo debo cuidar de ti y de tu hermano; no al revés. Perdóname, hijo-. Acarició mi cabello.
-Está bien. No hay problema…, pero, mamá, quiero irme de la casa.
Se sobresaltó. -¿Qué? ¿Por qué?
-Es mejor.
-¡Claro que no, Jack!
-Mamá, ¿con qué cara miraré a Jacob todos los días? La razón por la cual está así, es culpa mía. Yo lo dejé solo. Por mí es que quedó paralítico.
-Jack, te necesitamos ahora más que nunca en casa.
-No, mamá. Necesitan tranquilidad… Yo me iré a otro lado, trabajaré y la mitad de lo que gane te lo mandaré para que pagues los gastos de lo que sea.
-Pero, Jack, aún eres menor de edad. No puedes trabajar. Y no necesito que me ayudes con los gastos, yo puedo. Quiero que estés en casa.
-¡Pero yo no quiero estar allí! ¿No entiendes?
Mi madre bajó la mirada y se puso a llorar.
-Mamá, no llores. Prometo que iré a visitarlos…- La abracé fuerte.
lunes, 8 de marzo de 2010
Asumiendo problemas con cobardía.
-¿Aló?
-¿Mamá?
-¡Jack! ¡¿Dónde rayos estás?! ¿Por qué no han llegado? ¿Y tu hermano? Me tenías preocupada.
-Ma… Llégate al hospital La cruz roja…, a Jacob lo atropellaron.
-¡¿Qué?!- Jadeó. -¿Cómo?- Hizo una pausa y antes de que le explicara, volvió a hablar. -¡Quédate allí! ¡Ni se te ocurra irte! Voy para allá…- Trancó.
Me senté en el mismo mueble de sala y seguí esperando. Los minutos parecían eternos. Después de ver el reloj cinco veces, asimilé que aún eran las 5 de la tarde. Sólo veía la puerta de los quirófanos.
Mi madre llegó corriendo. Me levanté al verla.
-¡¿Dónde está tu hermano?!
-Lo tienen en un quirófano.
-¿Qué coño hiciste? ¡Te dije que lo cuidaras!
-Yo sé, mamá. Pero no quiso agarrar mi mano y me molesté y lo dejé sólo…- Bajé la mirada.
Casi se hala los cabellos al escucharme decir eso. -¡Todo esto es culpa tuya!- Gritó mientras me empujaba. -¡Maldita sea, Jack! ¡Te dije que lo cuidaras! ¡¿Qué tan difícil puede ser?! ¡Eres un irresponsable!
-Lo siento mamá… Caminé muy rápido, casi iba corriendo y él iba detrás de mí.
-¡Se supone que debes ser el hombre de la familia! ¡Pero no! ¡Eres un irresponsable como tu padre! ¡Eso eres! ¡Eres la cagada de tu papá!- Se puso histérica.
Antes de que pudiera gritarle cualquier verdad en la cara, la misma doctora que había salido hace rato, apareció.
-¿Ella es tu madre?- Me preguntó.
No respondí; mi madre contestó antes que yo. –Sí, soy Merliz Becker. ¿Qué tiene mi hijo?
-Señora, primero cálmese. Lo que tengo que decirle no es muy fácil de asimilar…
-Estoy calmada, estoy calmada.
-Bien -. Revisó unos papeles. –Necesito que rellene todo esto -.
-¿Qué es?
-Son algunos datos personales que debe llenar.
Me crucé de brazos mientras ella escribía en los documentos.
-Aquí tiene -. Le devolvió los papeles a la doctora. –Ahora, dígame qué tiene mi hijo -.
-Su hijo fue atropellado esta tarde, supongo que ya se lo habrá dicho su hijo mayor.
-Así es -. Dijo casi refunfuñando y viéndome por el rabillo del ojo.
-Bueno le tengo 2 noticias; una buena y otra mala.
-Como en las películas-. Comenté.
-Sí…Su hijo se salvó del accidente-.
-Gracias a Dios-. Dijo mi madre mientras suspiraba.
-¿Cuál es la mala?- Pregunté.
Sacó unas radiografías de un sobre. –Al chocar el carro contra él, lo golpeó al final de la columna, dañándole algunos discos y nervios. Luego, cuando cayó al piso, recibió un golpe detrás de la cabeza; en la nuca para ser más precisa. Tenía algunos coágulos en el cerebro cuando llegó. Ya se los extirpamos. Estos daños, provocaron que una parte del cerebro no pueda mandarle órdenes desde el golpe en la columna para abajo, por ende…- Hizo una pausa que pareció eterna. –Su hijo, ha quedado paralítico.
-¡Oh, por Dios!- Mi madre comenzó a llorar mientras que yo trataba de procesar la información.
-Lo sentimos mucho. Hicimos lo que pudimos -. Le mujer le puso una mano reconfortante en el hombro a mi madre.
-¡Mi hijo ha quedado paralítico!- Se cubrió la cara con las manos.
-Dentro de una hora podrán verlo. Ahorita está anestesiado. Yo misma vendré a avisarles.
-Gracias, dotora…- Dije.
-Doctora Jane.
-Gracias, doctora Jane -. Completé.
Ella se fue y yo me quedé al lado de mi madre, escuchándola sollozar por la desgracia de Jacob.
-Mamá…
-Cállate, Jack -. Dijo entre gemidos.
-De verdad lo siento. Jamás querría que le…
-¡Cállate te he dicho!
-Necesito tomar aire.
-Sí. Vete, por favor.
La dejé allí y salí al jardín del hospital. La tarde seguía nublada y hacía bastante frío. La gente caminaba por el jardín y hablaban tranquilamente.
Mi madre no me quería ni ver en pintura. Y yo no tendría ni el valor de verle la cara a mi hermano. Tenía que tomar una decisión sobre qué hacer de ahora en adelante… Mi vida era un asco. Pero, solamente mi vida debía serlo, no la de ellos; si tenía que irme de casa para que mi mamá y Jacob pudieran vivir mejor, lo haría. Tenía demasiadas cosas en qué pensar.
Merliz tenía razón: todo era culpa mía. Ella dijo: “cuida a tu hermano”, y lo primero que hice fue dejarlo solo en plena calle. Y, aún sabiendo que él no sabía llegar a casa por sí mismo, dejé que resolviera solo.
Debía hacer algo por todos lo antes posible…
sábado, 6 de marzo de 2010
Accidente...
Hally me pasó un papel a escondidas. Decía: -¿Estás aburrido?
-Un poco. Quiero irme-. Le escribí y le devolví el papel.
-Tengo que decirte algo importante…- Leí.
-¿Qué cosa?- Puse en el papel y se lo regresé. Antes de que me diera su respuesta, sonó el timbre y salí corriendo del salón.
Jacob me esperaba en la entrada del colegio. Andaba con su bandita de locos.
-Nos vamos-. Le ordené.
-Más tarde-.
-No, ahora. Mamá está sola en casa y tengo mucho qué hacer.
-Yo no tengo nada qué hacer.
Lo sujeté por un brazo y lo obligué a irse conmigo. Chilló, pataleó, lloró, pero igual me lo llevé. Comenzó a llover.
-¡Suéltame! Ya tengo once años, no necesito que me agarres de la mano.
-¡Bien! ¡Sé un hombre! Camina solo-. Lo solté.
-¡Caminaré solo!- Gritó.
Íbamos por la calle; Jacob caminaba a mi lado sin agarrarme la mano, yo iba molesto y cada vez andaba más rápido.
-No vayas tan rápido.
-¡Está lloviendo! ¿No ves?
-Sí, pero te puedes resbalar por ahí.
-Es mi problema-. Empecé a trotar.
-¡Jack! ¡Espera!
-¡¿No eres un hombre?! ¡Llega a casa solo!- Aceleré aún más y Jacob me pisaba los talones. Crucé por varias calles y aún no lo podía dejar atrás.
-¡Jack! ¡No me dejes solo!- Gritó.
Hice que no lo escuché y crucé en un semáforo antes de que cambiara. Al llegar a la otra acera, escuché un golpe y un carro frenando. Una mujer gritó como loca enfrente de mí y sentí un escalofrío grande. No quería voltear. La gente corría, me empujaban al pasarme por al lado y seguían detrás de mí para ver lo que sucedía. Me armé de valor y volteé lentamente.
Sólo un espacio quedaba vacío; ese era el sitio donde yo debía estar observando. Me acerqué cuidadosamente y llené ese lugar desocupado.
Mi hermano yacía en el piso; un poco doblado, y con alguna parte de la cabeza rota porque había un charco de sangre…
-¡¿Alguien lo conoce?! ¡¿Alguien sabe quién es?!- Comenzó a gritar un hombre. Yo no sabía cómo diablos reaccionar. -¡¿Está solo?!- El sujeto estaba al borde del desespero.
-Yo… Yo soy su hermano-. Tartamudeé.
El hombre sólo me miró como si estuviese molesto conmigo.
-¡Querido! ¡Ya llamé una ambulancia! ¡Vienen en camino!-
Miré a la gente que formaba un círculo. ¿Por qué no hacían nada? ¿Por qué se quedaban allí mirando? ¿Por qué yo no hacía nada?
-¡Reacciona!- Me gritó el conductor del carro. -¡Tu hermano está tirado en el piso desangrándose!-
“¿Qué hago?”, se preguntó una voz dentro de mi cabeza.
La ambulancia llegó rápido. Todos los paramédicos bajaron del vehículo y subieron a mi hermano cuidadosamente a una camilla.
-¿Hay algún familiar?- Preguntó uno de ellos.
-¡Él!- Me señaló el chofer. –Él es su hermano.
Me subieron a la ambulancia. A mi hermano le pusieron un viaje de aparatos, de los cuales ni uno reconocí. No podía hablar, no sabía qué decir ni qué hacer; sólo lo veía.
-¿Tienen madre?- Preguntó una chica.
-Sí…
-¿Puedes llamarla?
-Sí…
-Bien, dile que atropellaron a tu hermano. También dile que vamos al hospital La cruz roja-.
-¿No puede hacerlo alguien por mí?- Pregunté.
-No, debes hacerlo tú-.
-Está bien. Lo haré-.
Llegamos a urgencias y lo llevaron a un quirófano. Me quedé parado en la sala de espera viendo como se lo llevaban.
-Llama a tu madre-. Volvió a decirme la chica. Sólo asentí.
Me tomó unos 20 minutos asimilar lo que había pasado. Tenía que llamar a mi madre. Veía el teléfono de la recepción y recordaba el número de la casa en mi cabeza.
Una doctora se me acercó. -¿Eres el hermano del chico que atropellaron?
-Sí, lo soy…
-¿Llamaste a tu madre?
-Aún no-.
-Hazlo ahora.
-¿Qué sucede? ¿Qué le pasa a mi hermano?- La miré preocupado.
-Han empeorado las cosas. Necesitamos que venga tu madre. Es urgente-. Se dio la vuelta y volvió a los quirófanos.
Bajé la mirada y me dieron ganas de llorar. “Todo ha sido culpa mía”.
Patética vida.
Mis días empezaban siempre a las 6am. Tenía 17 años; estaba a 3 meses de graduarme de bachiller. Mi nombre era Jack, vivía con mi madre y con mi hermano menor, Jacob. Ambos nos parecíamos a nuestro padre: teníamos el cabello castaño; yo lo tenía liso y Jacob lo tenía ondulado como nuestra madre. Mi hermano era 6 años menor que yo, y tenía la piel sólo un poco más oscura que la mía.
-¡Jack! Se te hace tarde. Te dejará el transporte, hijo. Levántate-. Gritó mi madre, Merliz desde el otro lado de la puerta de mi habitación.
-¡Dame cinco minutos!- Puse la almohada sobre mi cabeza y el despertado comenzó a sonar.
“¡Maldita sea!, dije para mis adentros y desactivé la alarma.
Me levanté tambaleándome hasta el baño. Siempre dormía desnudo, por eso mi madre no entraba a despertarme. Me cepillé, me di una ducha y salí a vestirme. Siempre me vestía de marrón, azul oscuro, negro o gris. Casi toda la ropa estaba sucia, así que tuve que ponerme una camisa blanca que me regaló mi madre con unos jeans. En mi liceo no se iba con uniforme como en otros, por ende, iba de civil.
El transporte había llegado; mi madre nos esperaba a Jacob y a mí en el porche del edificio con las bolsas de nuestros desayunos.
-Cuídense mis niños-. Nos dio un beso en la mejilla a cada uno. -¡Que les vaya bien! ¡Jack! Cuida a tu hermano.
“Cuida a tu hermano”, esa era la frase de todas las mañanas.
-Sí, mamá. Nos vemos en la tarde-. Subí al bus con mi hermano.
A Jacob le encantaba ponerse en los asientos del final porque eran los más altos; yo prefería los asientos de adelante, así no tendría que esperar a que los demás bajaran. Pero como he tenido mala suerte desde que nací, me tocó sentarme en los asientos de atrás; obviamente, Jacob estaba fascinado.
Al llegar al liceo, Jacob se fue con sus amigos a su salón y yo al mío. Cuando caminaba a mi salón, tropecé con la chica que me gustaba desde primer año: Diane.
-Disculpa, estoy un poco distraído-. El cuaderno que leía se le cayó al suelo y de él volaron unos cuantos papeles doblados. La ayudé a recogerlos.
-No te preocupes. No vi por dónde iba-. Sonrió amablemente.
Aunque era una chica hermosa, con ojos verdes preciosos, y su cabello largo con grandes bucles dorados; siempre maldije el día en que la conocí.
-¿Cómo estás?- Le pregunté sonriendo. Para ella siempre fui un mejor amigo y no algo más; pero no me daba por vencido en hacer que viera que yo era perfecto para ella.
-Muy bien, ¿y tú?
-Normal. Con sueño.
Rió. –Supongo-. Miró el reloj de su muñeca. –Oye, demo irme. Se me hace tarde-. Comenzó a correr. -¡Gracias por ayudarme, James!- Gritó.
-¡Es Jack!- Corregí.
-¡Oh, sí! Jack-. Desapareció por un pasillo.
Cuando reaccioné, me di cuenta de que tenía 10 minutos de retrazo para la clase de matemática. Corrí hasta mi salón, el profesor me vio casi llegar, pero cuando estaba frente a la puerta del salón, me la cerró en la cara. Casi derribo ésta de tantos golpes que le di.
El profesor Exterminium abrió la puerta nuevamente. –Sr. Jack Becker. Llegando tarde otra vez-. Dijo con una malévola sonrisa en los labios.
Exterminium: bastardo que extermina a quien sea en sus exámenes por no poner el signo negativo (-) en medio del igual (=)… Me tenía el miembro flaco con eso.
-Prof. Externimon… Siento llegar tarde.
-Pasa, Becker… Igual tendrás que traerme un pase.
-¡Pero yo estaba aquí temprano! No entré después de que abrieran las puertas. Ni siquiera las han abierto.
-Ya es la tercera vez que llegas tarde. Recuerda que para la próxima citaremos a tu representante-. Se sentó tranquilamente en su escritorio.
-Mi madre no tiene que venir a perder tiempo en esta porquería-. Refunfuñé y me senté en un pupitre.
-¿Cómo dice?- Gruñó el profesor.
-Nada. Siga con su clase-. Le contesté despreocupado.
-Bueno…- Se levantó de su escritorio y comenzó a escribir en la pizarra.
Empecé a sacar el cuaderno y el lápiz, cuando Hally, mi mejor amiga, puso su mano delicadamente sobre mi hombro y me saludó.
-Hola, Jack-. Me sonrió. Su sonrisa era metálica, gracias a los aparatos que le puso el odontólogo; siempre la llamaban “Ferretería andante”, muchas veces lloró por eso y tuve que consolarla. Su cabello siempre fue espectacular: liso y castaño claro brillante; sus ojos eran color chocolate y su piel blanca; también tenía algunas pecas en sus mejillas.
-Hola, Hally.
-¿Cómo estás?
-Normal. Agotado…
-La prueba de mate es mañana y es en pareja. ¿Te pondrás conmigo?
-Claro-. Asentí.
-Señorita Starkins, ¿nos haría el gran favor de callarse la boca?- Externimon la regañó; ella dio un respingo y apoyó su espalda del pupitre. Los demás permanecieron en silencio.
Después de tener un repaso eterno de matrices, salimos al receso para desayunar. Hally me acompañó y nos sentamos en un banquito.
-¿Cómo están tu mamá y tu hermano?- Preguntó.
-Están, bien. ¿Y tus padres?
-Bien. En casa.
-Qué bien.
José, un amigo mío (el más pervertido del salón), se acercó a nosotros.
-¡Jack! ¿Cómo estás?
-Bien, José. ¿Y tú?- Estrechamos las manos.
-Todo perfecto-. Miró raro a Hally. -¿Qué haces con esta fea?-
-Qué chistoso…- Murmuró ella.
-Déjala tranquila. Me está acompañando.
-Como digas. Vamos a una fiesta este fin de semana.
-Necesito dormir.
-Tienes que dejar de estar encerrado. Vamos a esa fiesta-. Insistió.
-José, quiero descansar.
-Irá Diane… Pero bueno, está bien si no quieres ir. No hay problema.
Carraspeé. –Lo pensaré.
-Ese es mi amigo-. Me dio unas palmadas en el hombro. –Bueno, iré a comprar mi desayuno. Nos vemos luego. Recuerda: Diane…-
-¿Aún te gusta esa chica?- Me preguntó Hally.
-Sí-.
-Es una chica superficial. ¡Jamás se fijará en ti!- Se levantó enfadada y se fue. Me quedé anonadado por su reacción.












