Después de calmar a mi madre, me fui a casa; ella me dijo que volviera al día siguiente con ropa para ella y para Jacob. Se quedaría con él hasta que le dieran el alta. Llegué aproximadamente a las 9 de la noche. Estaba agotado. Me bañé, comí y me acosté a dormir.
Al día siguiente, me desperté a las 6. Hice lo mismo de todas las mañanas.
Una llamada me alegró un poco el día. “Estamos empezando bien”, pensé. Contesté y era el tío Phil, hermano de mi mamá.
-Hola, tío Phil.
-¿Cómo estás, Jack?
-No muy bien…
-Me enteré sobre lo que le pasó a tu hermano Jacob. Tu madre me llamó ayer…
-Sí, es horrible.
-Me comentó que te quieres ir de la casa.
-Sí, quiero estar en paz y ellos también.
-Bueno, tú sabes cómo es tu madre de sobre protectora.
-Sí, lo sé.
-Así que me llamó porque quiere que tú te quedes conmigo el tiempo que quieras. Me pidió el favor, y yo le debo mucho… Además, no tengo ningún problema. Necesitas un hombre hecho y derecho como tu tío para que te críe.
Carcajeé. –Seh, claro…
-Entonces… ¿qué dices? ¿Te quedas conmigo hasta que se te pase la mala racha?
-Claro, tío – Dije sin pensarlo 2 veces. –Me quedaré contigo.
-Muy bien. ¿Cuándo quieres que te pase buscando?
-Mañana.
-Está bien. De todas formas, hoy te veré en la tarde. Iré a visitar a tu hermano.
-Ok, tío. Hablamos luego. Debo irme al liceo.
-Hasta la tarde, sobrino.
Trancamos.
A mi madre no le gustaba pedirles favores al tío Phil; supongo que esta vez lo hizo porque pensó que era lo mejor para mí. El tío Phil era como una especie de mafioso. Tenía un jet, dos yates, una casa en la playa, era dueño de un banco, y el sitio donde iría a vivir con él, era un penthouse muy lujoso que estaba ubicado en la zona más tranquila de la ciudad: “El bosque”… No era un bosque en realidad, sólo que la zona se llamaba así.
Phil, era 5 años mayor que mi madre; ella tenía 38 y él 43. En sus años de gloria, como decía mi mamá, Phil era un hombre apuesto y siempre la defendía; me mostró una foto de él cuando era joven y tenía el cabello liso y negro azabache, la piel blanca como la de mi madre y los ojos azules. Ahora, es un viejo gordo, con los mismos ojos azules, el cabello canoso y con un poco de barba. “Los años pegan”, pensé la última vez que lo vi.
Mientras que él era un multimillonario de la alta sociedad, mi madre era sólo la mujer que atendía en una lavandería. Era patético en realidad. Ella estudió mucho y era una mujer inteligente; no sé cómo pudo caer tan bajo, pero bueno, todo tiene una razón y ella la debe tener.
Bajé al porche del edificio y vi a un perro sarnoso buscando algo que comer. Al lado del edificio, había una panadería, allí me compré una empanada y juego. Le di un poco lo que me sobró al perro y luego me monté en el transporte de mi liceo cuando llegó.
En el camino me iba quedando dormido hasta que recordé el examen de matemática. No había estudiado nada. Hally iba a matarme.
Al llegar al liceo, busqué a Hally en el banquito donde siempre se sentaba todas las mañanas mientras esperaba que empezaran las clases; pero cuando entré, vi a Diane. Llevaba puesta una falda rosa y una camisa de flores. Me quedé anonadado mirándola.
-Hola, James – sonrió. -¿Cómo estás?
-Hola, Diane. Estoy bien, ¿y tú?
-Muy bien.
-Me doy cuenta – Murmuré.
-¿Cómo?
-Perdón, no dije nada. ¿Has visto a Hally?
-¿La fea que se la pasa contigo?
-No es fea…
-No, no la he visto – se rió con las amigas que siempre la acompañaban.
-Seguro llegará tarde… Bueno, cualquier cosa, si la ves, dile que me espere en el banquito de siempre.
-Sí, claro…
Salí corriendo al pasillo de bachillerato y me senté en un banco. Busqué mi cuaderno de matemáticas en mi bolso y resultó que lo había dejado. “¡MALDITA SEA CON LA MAL NACIDA MATEMÁTICA!”, pensé. “Ya ni me acuerdo quién carajo la inventó, pero no por eso dejo de odiarlo”
-Demonios, ni siquiera sé cuál es el tema…
José se sentó a mi lado. -¿Estresado?
-¡Sí!
-¿Por mate?
-¡Sí!- Gruñí.
-Estás con Hally, no te preocupes. Ella es linda de mente nada más. Es muy inteligente.
-Sí, pero ella no va estar conmigo presentando en las pruebas de las universidades.
-Las pruebas de las universidades son de pura lógica. Cálmate.
-¿Cuál era el tema? ¡¿Cuál era?! No lo recuerdo.
-¡Diablos, Jack! El examen es sobre probabilidades. Tú eres un genio en eso. Deja de estar tan alarmado.
-Pero no repasé nada. Se puede olvidar cualquier cosa.
-Tranquilo, eres muy bueno en matemática. Relájate.
-Soy bueno cuando por lo menos veo el cuaderno una vez. El mío se me quedó y ni lo vi.
-Toma el mío – sacó su cuaderno y me dejó estudiar.
-Gracias.
-Tú tranquilo, saldrás bien. Aprovéchate de Hally, ella sabe mucho. No reprobarás.
Lo miré con desaprobación. –Seeh… menos mal que el profesor la adora, porque si fuese yo contigo, estaríamos más que clavados.
-Pero no es así. Repasa antes de que suene el timbre. Voy al baño-. Se dirigió a la puerta del baño de hombres y yo me quedé memorizando los problemas de probabilidades.
viernes, 12 de marzo de 2010
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