lunes, 8 de marzo de 2010

Asumiendo problemas con cobardía.

Cogí el auricular de la recepción; respiré hondo y luego marqué el número de mi casa. “Que no conteste, que no conteste”, rogaba una parte de mí, mientras que la otra decía lo contrario. Al tercer timbre; mi madre contestó.

-¿Aló?

-¿Mamá?

-¡Jack! ¡¿Dónde rayos estás?! ¿Por qué no han llegado? ¿Y tu hermano? Me tenías preocupada.

-Ma… Llégate al hospital La cruz roja…, a Jacob lo atropellaron.

-¡¿Qué?!- Jadeó. -¿Cómo?- Hizo una pausa y antes de que le explicara, volvió a hablar. -¡Quédate allí! ¡Ni se te ocurra irte! Voy para allá…- Trancó.

Me senté en el mismo mueble de sala y seguí esperando. Los minutos parecían eternos. Después de ver el reloj cinco veces, asimilé que aún eran las 5 de la tarde. Sólo veía la puerta de los quirófanos.

Mi madre llegó corriendo. Me levanté al verla.

-¡¿Dónde está tu hermano?!

-Lo tienen en un quirófano.

-¿Qué coño hiciste? ¡Te dije que lo cuidaras!

-Yo sé, mamá. Pero no quiso agarrar mi mano y me molesté y lo dejé sólo…- Bajé la mirada.

Casi se hala los cabellos al escucharme decir eso. -¡Todo esto es culpa tuya!- Gritó mientras me empujaba. -¡Maldita sea, Jack! ¡Te dije que lo cuidaras! ¡¿Qué tan difícil puede ser?! ¡Eres un irresponsable!

-Lo siento mamá… Caminé muy rápido, casi iba corriendo y él iba detrás de mí.

-¡Se supone que debes ser el hombre de la familia! ¡Pero no! ¡Eres un irresponsable como tu padre! ¡Eso eres! ¡Eres la cagada de tu papá!- Se puso histérica.

Antes de que pudiera gritarle cualquier verdad en la cara, la misma doctora que había salido hace rato, apareció.

-¿Ella es tu madre?- Me preguntó.

No respondí; mi madre contestó antes que yo. –Sí, soy Merliz Becker. ¿Qué tiene mi hijo?

-Señora, primero cálmese. Lo que tengo que decirle no es muy fácil de asimilar…

-Estoy calmada, estoy calmada.

-Bien -. Revisó unos papeles. –Necesito que rellene todo esto -.

-¿Qué es?

-Son algunos datos personales que debe llenar.

Me crucé de brazos mientras ella escribía en los documentos.

-Aquí tiene -. Le devolvió los papeles a la doctora. –Ahora, dígame qué tiene mi hijo -.

-Su hijo fue atropellado esta tarde, supongo que ya se lo habrá dicho su hijo mayor.

-Así es -. Dijo casi refunfuñando y viéndome por el rabillo del ojo.

-Bueno le tengo 2 noticias; una buena y otra mala.

-Como en las películas-. Comenté.

-Sí…Su hijo se salvó del accidente-.

-Gracias a Dios-. Dijo mi madre mientras suspiraba.

-¿Cuál es la mala?- Pregunté.

Sacó unas radiografías de un sobre. –Al chocar el carro contra él, lo golpeó al final de la columna, dañándole algunos discos y nervios. Luego, cuando cayó al piso, recibió un golpe detrás de la cabeza; en la nuca para ser más precisa. Tenía algunos coágulos en el cerebro cuando llegó. Ya se los extirpamos. Estos daños, provocaron que una parte del cerebro no pueda mandarle órdenes desde el golpe en la columna para abajo, por ende…- Hizo una pausa que pareció eterna. –Su hijo, ha quedado paralítico.

-¡Oh, por Dios!- Mi madre comenzó a llorar mientras que yo trataba de procesar la información.

-Lo sentimos mucho. Hicimos lo que pudimos -. Le mujer le puso una mano reconfortante en el hombro a mi madre.

-¡Mi hijo ha quedado paralítico!- Se cubrió la cara con las manos.

-Dentro de una hora podrán verlo. Ahorita está anestesiado. Yo misma vendré a avisarles.

-Gracias, dotora…- Dije.

-Doctora Jane.

-Gracias, doctora Jane -. Completé.

Ella se fue y yo me quedé al lado de mi madre, escuchándola sollozar por la desgracia de Jacob.

-Mamá…

-Cállate, Jack -. Dijo entre gemidos.

-De verdad lo siento. Jamás querría que le…

-¡Cállate te he dicho!

-Necesito tomar aire.

-Sí. Vete, por favor.

La dejé allí y salí al jardín del hospital. La tarde seguía nublada y hacía bastante frío. La gente caminaba por el jardín y hablaban tranquilamente.

Mi madre no me quería ni ver en pintura. Y yo no tendría ni el valor de verle la cara a mi hermano. Tenía que tomar una decisión sobre qué hacer de ahora en adelante… Mi vida era un asco. Pero, solamente mi vida debía serlo, no la de ellos; si tenía que irme de casa para que mi mamá y Jacob pudieran vivir mejor, lo haría. Tenía demasiadas cosas en qué pensar.

Merliz tenía razón: todo era culpa mía. Ella dijo: “cuida a tu hermano”, y lo primero que hice fue dejarlo solo en plena calle. Y, aún sabiendo que él no sabía llegar a casa por sí mismo, dejé que resolviera solo.

Debía hacer algo por todos lo antes posible…

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