Mis días empezaban siempre a las 6am. Tenía 17 años; estaba a 3 meses de graduarme de bachiller. Mi nombre era Jack, vivía con mi madre y con mi hermano menor, Jacob. Ambos nos parecíamos a nuestro padre: teníamos el cabello castaño; yo lo tenía liso y Jacob lo tenía ondulado como nuestra madre. Mi hermano era 6 años menor que yo, y tenía la piel sólo un poco más oscura que la mía.
-¡Jack! Se te hace tarde. Te dejará el transporte, hijo. Levántate-. Gritó mi madre, Merliz desde el otro lado de la puerta de mi habitación.
-¡Dame cinco minutos!- Puse la almohada sobre mi cabeza y el despertado comenzó a sonar.
“¡Maldita sea!, dije para mis adentros y desactivé la alarma.
Me levanté tambaleándome hasta el baño. Siempre dormía desnudo, por eso mi madre no entraba a despertarme. Me cepillé, me di una ducha y salí a vestirme. Siempre me vestía de marrón, azul oscuro, negro o gris. Casi toda la ropa estaba sucia, así que tuve que ponerme una camisa blanca que me regaló mi madre con unos jeans. En mi liceo no se iba con uniforme como en otros, por ende, iba de civil.
El transporte había llegado; mi madre nos esperaba a Jacob y a mí en el porche del edificio con las bolsas de nuestros desayunos.
-Cuídense mis niños-. Nos dio un beso en la mejilla a cada uno. -¡Que les vaya bien! ¡Jack! Cuida a tu hermano.
“Cuida a tu hermano”, esa era la frase de todas las mañanas.
-Sí, mamá. Nos vemos en la tarde-. Subí al bus con mi hermano.
A Jacob le encantaba ponerse en los asientos del final porque eran los más altos; yo prefería los asientos de adelante, así no tendría que esperar a que los demás bajaran. Pero como he tenido mala suerte desde que nací, me tocó sentarme en los asientos de atrás; obviamente, Jacob estaba fascinado.
Al llegar al liceo, Jacob se fue con sus amigos a su salón y yo al mío. Cuando caminaba a mi salón, tropecé con la chica que me gustaba desde primer año: Diane.
-Disculpa, estoy un poco distraído-. El cuaderno que leía se le cayó al suelo y de él volaron unos cuantos papeles doblados. La ayudé a recogerlos.
-No te preocupes. No vi por dónde iba-. Sonrió amablemente.
Aunque era una chica hermosa, con ojos verdes preciosos, y su cabello largo con grandes bucles dorados; siempre maldije el día en que la conocí.
-¿Cómo estás?- Le pregunté sonriendo. Para ella siempre fui un mejor amigo y no algo más; pero no me daba por vencido en hacer que viera que yo era perfecto para ella.
-Muy bien, ¿y tú?
-Normal. Con sueño.
Rió. –Supongo-. Miró el reloj de su muñeca. –Oye, demo irme. Se me hace tarde-. Comenzó a correr. -¡Gracias por ayudarme, James!- Gritó.
-¡Es Jack!- Corregí.
-¡Oh, sí! Jack-. Desapareció por un pasillo.
Cuando reaccioné, me di cuenta de que tenía 10 minutos de retrazo para la clase de matemática. Corrí hasta mi salón, el profesor me vio casi llegar, pero cuando estaba frente a la puerta del salón, me la cerró en la cara. Casi derribo ésta de tantos golpes que le di.
El profesor Exterminium abrió la puerta nuevamente. –Sr. Jack Becker. Llegando tarde otra vez-. Dijo con una malévola sonrisa en los labios.
Exterminium: bastardo que extermina a quien sea en sus exámenes por no poner el signo negativo (-) en medio del igual (=)… Me tenía el miembro flaco con eso.
-Prof. Externimon… Siento llegar tarde.
-Pasa, Becker… Igual tendrás que traerme un pase.
-¡Pero yo estaba aquí temprano! No entré después de que abrieran las puertas. Ni siquiera las han abierto.
-Ya es la tercera vez que llegas tarde. Recuerda que para la próxima citaremos a tu representante-. Se sentó tranquilamente en su escritorio.
-Mi madre no tiene que venir a perder tiempo en esta porquería-. Refunfuñé y me senté en un pupitre.
-¿Cómo dice?- Gruñó el profesor.
-Nada. Siga con su clase-. Le contesté despreocupado.
-Bueno…- Se levantó de su escritorio y comenzó a escribir en la pizarra.
Empecé a sacar el cuaderno y el lápiz, cuando Hally, mi mejor amiga, puso su mano delicadamente sobre mi hombro y me saludó.
-Hola, Jack-. Me sonrió. Su sonrisa era metálica, gracias a los aparatos que le puso el odontólogo; siempre la llamaban “Ferretería andante”, muchas veces lloró por eso y tuve que consolarla. Su cabello siempre fue espectacular: liso y castaño claro brillante; sus ojos eran color chocolate y su piel blanca; también tenía algunas pecas en sus mejillas.
-Hola, Hally.
-¿Cómo estás?
-Normal. Agotado…
-La prueba de mate es mañana y es en pareja. ¿Te pondrás conmigo?
-Claro-. Asentí.
-Señorita Starkins, ¿nos haría el gran favor de callarse la boca?- Externimon la regañó; ella dio un respingo y apoyó su espalda del pupitre. Los demás permanecieron en silencio.
Después de tener un repaso eterno de matrices, salimos al receso para desayunar. Hally me acompañó y nos sentamos en un banquito.
-¿Cómo están tu mamá y tu hermano?- Preguntó.
-Están, bien. ¿Y tus padres?
-Bien. En casa.
-Qué bien.
José, un amigo mío (el más pervertido del salón), se acercó a nosotros.
-¡Jack! ¿Cómo estás?
-Bien, José. ¿Y tú?- Estrechamos las manos.
-Todo perfecto-. Miró raro a Hally. -¿Qué haces con esta fea?-
-Qué chistoso…- Murmuró ella.
-Déjala tranquila. Me está acompañando.
-Como digas. Vamos a una fiesta este fin de semana.
-Necesito dormir.
-Tienes que dejar de estar encerrado. Vamos a esa fiesta-. Insistió.
-José, quiero descansar.
-Irá Diane… Pero bueno, está bien si no quieres ir. No hay problema.
Carraspeé. –Lo pensaré.
-Ese es mi amigo-. Me dio unas palmadas en el hombro. –Bueno, iré a comprar mi desayuno. Nos vemos luego. Recuerda: Diane…-
-¿Aún te gusta esa chica?- Me preguntó Hally.
-Sí-.
-Es una chica superficial. ¡Jamás se fijará en ti!- Se levantó enfadada y se fue. Me quedé anonadado por su reacción.












Woowww me encanto el cap Marekkk !!!!!!! publica pronto ya te aceptaron lo del serial???? o mejor dicho cereal??? jajajja xD
ResponderEliminarjajajaja xD no han aceptado el cereal!!! xD
ResponderEliminarahorita escribo el otro